Amanecer en Chapultepec: el paseo en bicicleta imperdible en CDMX

Qué gozo y qué enorme privilegio es andar en bicicleta a primera hora del día por el Bosque de Chapultepec, y sobre todo, presenciar el amanecer frente al Lago Mayor. Si tuviera que elaborar una lista de actividades imperdibles en CDMX, sin duda incluiría este paseo.

Para llegar a Chapultepec antes de que amanezca hay que levantarse muy temprano, sobre todo en esta temporada de primavera-verano, cuando al sol también le da por madrugar. Yo, que vivo relativamente cerca, salgo de mis aposentos alrededor de las 5:30 a.m. y ya voy tarde. Pero en época de otoño-invierno, cuando las noches son más largas, tengo unos minutos más de gracia para quitarme las legañas y prepararme algo de desayunar.

“…entre la densidad del bosque y la luz de las farolas, tengo la sensación de estar inmerso en un cuento de hadas.”

El paseo inicia formalmente en la Puerta de los Leones, la entrada principal a Chapultepec, frente a la “Suavicrema” y a los imponentes rascacielos de Paseo de la Reforma. A esa hora aún reinan la oscuridad y el singular frío de madrugada, y las lámparas del alumbrado público le aportan un toque de misticismo al ambiente.

Mi primer encuentro del viaje es con el Altar a la Patria o Monumento a los Niños Héroes, como lo identifica la mayoría. Lo rodeo por la izquierda (los conocedores le llamamos el lado B de Chapultepec, porque el costado derecho es para los turistas) y me incorporo a la Avenida Heroico Colegio Militar. Muchos no lo saben, pero cada uno de los senderos de la Primera Sección de Chapultepec tiene su nombre.

Un bosque embrujado de madrugada

De aquí en adelante solo resta pedalear, disfrutar… sentirse vivo. Mientras avanzo por ese enigmático camino, entre la densidad del bosque y la luz de las farolas, tengo la sensación de estar inmerso en un cuento de hadas o en una escena de El Señor de los Anillos.

“Por unos instantes, el Bosque de Chapultepec me pertenece.”

Doy vuelta a la derecha por Calzada de los Poetas y sigo de frente hasta el Paseo del Quijote, donde se erige la estatua del Ingenioso Hidalgo. Conforme avanzo, la penumbra se hace más espesa y da un poco de miedo, pero continúo hasta el final. Regreso por Avenida Acuario y paso sobre un pequeño puente que atraviesa un riachuelo, no sé si propiamente lo sea, pero ahí corre un afluente que desemboca en el Lago Menor. 

Mira el video en mi perfil de Instagram

El lugar exige hacer una pausa para advertir el momento único: estoy solo en medio del bosque y no escucho nada más que el canto de las aves y el fluir del agua. Por unos instantes, el Bosque de Chapultepec me pertenece. ¡Qué lujo!

Continúo por la Calzada del Rey, una calle amplia que luce esplendorosa a esta hora. El camino entronca hacia el final con la Glorieta de la Lealtad, en la entrada a Los Pinos, pero antes hay que subir una breve y pronunciada pendiente que literalmente me quita el aliento cada vez que la subo.

Calzada Flotante, un afortunado descubrimiento

Una vez que mi respiración vuelve a su ritmo normal, me dirijo a la Calzada Flotante, un magnífico puente peatonal de 436 metros lineales que conecta Los Pinos con la Segunda Sección de Chapultepec. El andador se inauguró en enero de 2023 —yo apenas lo descubrí el año pasado— y está perfectamente adaptado para cruzarlo ya sea a pie, en bici, silla de ruedas, patines, carriola o Avalancha.

“En los días fríos el lago emana un vapor que le confiere un halo casi espiritual.”

Tan pronto bajo el puente me recibe del lado izquierdo el parque Aztlán con su majestuosa rueda de la fortuna. A la derecha se puede continuar el recorrido por el Circuito Bosques de Chapultepec, que en primavera se pinta de violeta por la floración de las jacarandas; todo el camino está escoltado por estos hermosos árboles que transforman el paisaje en una postal inspiradora.

Sin embargo, me apego a mi objetivo y continúo derecho sobre el corredor del Paseo de los Compositores. Al topar con la Fuente Xochipilli me desvío a la derecha para encaminarme hacia el Lago Mayor de Chapultepec. Esos escasos 300 metros conforman un peculiar sendero hasta la entrada del lago, cuando se abre el panorama y se descubre el espléndido manto de agua.

Amanecer en Chapultepec

Hemos llegado a la tierra prometida, o mejor dicho, al lago prometido. En los días fríos el lago emana un vapor que le confiere un halo casi espiritual, mientras algunas garzas blancas caminan en las orillas o sobrevuelan el espejo de agua. Ahora solo hay que escoger una banca y sentarse a contemplar la salida del sol en medio de ese mágico escenario.

“Las horas de sueño sacrificadas se compensan con creces frente a ese panorama de tranquilidad.”

Momentos como este son los que te renuevan las ganas de vivir, instantes que te exhortan a agradecer las cosas más elementales: respirar, caminar, ver, escuchar, sentir… existir; porque lo que hoy damos por sentado se puede esfumar en un santiamén. El simple hecho de estar “aquí y ahora” presenciado el amanecer en Chapultepec es un privilegio extraordinario.

La experiencia es invaluable y enriquecedora, y las horas de sueño sacrificadas se recompensan con creces frente a ese panorama de tranquilidad, donde lo único que se requiere para sentirse pleno es estar vivo.

Desayuno y regreso

Una vez pasado el amanecer y después de casi 10 km de pedaleo, por supuesto que ya hace hambre, así que dispongo mi desayuno sobre la misma banca donde me siento, que consiste en un bagel —ya sea de huevo con jamón o ensalada de atún—, y un cafecito caliente que llevo en mi termo. Delicioso.

Otra opción es desayunar en el Bistró Chapultepec, también frente al Lago Mayor. El restaurante abre a las 7:30 a.m. y ofrece desayunos bastante decentes a precios razonables. Más adelante están City Café y ACTIVO, a los cuales no he ido, pero en Google Maps es posible consultar reseñas, horarios, menús y precios.

De regreso se puede bajar por toda la Avenida de los Compositores hasta llegar de nueva cuenta al parque Aztlán —el descenso es una gozada—, o desviarse en Avenida Rodolfo Neri Vela, atravesar el Cárcamo de Dolores y descender por el Paseo de los Compositores hasta la Calzada Flotante. 

Ya encarrerados y con tiempo, se puede continuar el trayecto por diferentes puntos cercanos. Por ejemplo, tomar la ciclovía hacia la Torre Virreyes, alias «el Dorito» y después el sendero que corre sobre el camellón de Reforma, desde la Fuente de Petróleos hasta la Torre BBVA. O darse una vuelta por el Jardín Escénico, a un costado del Auditorio Nacional, un espacio súper bonito y tranquilo que se inauguró apenas en 2024.

En definitiva, si un día tienen la oportunidad de realizar este paseo en bicicleta (o a trote, si les gusta correr), no lo duden ni un momento, es una experiencia sumamente gratificante que vale completamente la desmañanada.

← Volver

Gracias por tu respuesta. ✨

Valoración(Califica este artículo)

One response to “Amanecer en Chapultepec: el paseo en bicicleta imperdible en CDMX”

  1. Avatar de
    Anónimo

    Excelente recorrido y hermosas las fotos! 🥰

Deja un comentario

¡Bienvenidos a mi blog!

Un espacio de reflexión sin censura. Cine, comida, cultura pop, noticias absurdas y reflexiones de la vida cotidiana contadas con inteligencia, humor y un toque de sarcasmo.

Sígueme en mis redes

Descubre más desde La Opinión Innecesaria

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo