¿Cuántas veces me habrán preguntado por qué no tengo novia? Familiares, amigos, vecinos, compañeros… resulta que todos tienen la misma duda existencial sobre mí.
La mayoría de las veces —quiero creer—, surge de manera casual como una duda sincera y sin malicia, aunque nunca faltan las bufonadas insidiosas: “¿qué, no te gustan las viejas? Ya vez lo que dicen: soltero maduro, puto seguro”.
Me encanta también cuando me aconsejan: “¡búscate una novia!”. Así, como si estuvieran escondidas o las vendieran en el mercado. Ya me imagino un fin de semana: “ahorita vengo, voy al Palacio de Hierro por una novia. ¡Ojalá encuentre una chichona!”. Obviamente, esas serían las más cotizadas, como en la vida real.
La pregunta en sí no me molesta, es solo que con el tiempo se vuelve fastidiosa. Supongo que es como cuando a un matrimonio le preguntan una y otra vez: “¿y para cuándo los hijos?”. Dan ganas de responder: ¿y tú para cuándo dejas de preocuparte por mi vida y te ocupas de la tuya, que bastantes problemas tienes con tu mujer, pinche gordo desobligado?
Pero no los culpo, yo también me haría la misma pregunta. De hecho, me asalta una inquietud similar cuando conozco a una mujer soltera, sobre todo si es atractiva y simpática: ¿será lesbiana, tóxica, por qué no tienen novio? Ahora que si es fea y gruñona, la interrogante sale sobrando.
Sí, ya sé que la belleza es subjetiva, pero hay una verdad universal que dice: “la que es linda, es linda”. Y lo mismo aplica con las feas. Al menos ese es el consenso entre los hombres, porque a las mujeres les encanta engañarse entre sí. Cuántas veces no le habrán dicho a una amiga: “¡qué bien te quedó ese flequillo de feminista-lesbiana-anarquista!” (chiste local), cuando en realidad se veía espantosa.
No pocas veces, platicando sobre todo con amigas, me han aconsejado que cambie algunos aspectos de mi forma de ser para aumentar mis posibilidades de ligue. Me han sugerido que tome clases de baile, que me inscriba a grupos de convivencia en redes sociales, que le dé una oportunidad a tal o cual amiga o que intente en una app de citas (lo hice una vez y lo único que encontré fue un catálogo de esperpentos).
Pero ese no soy yo. Si bien puedo modificar ciertos comportamientos y tener más disposición para conocer gente, lo que me piden es esencialmente que sea otra persona, y así no funciona esto.
Hace mucho dejé de preguntarme por qué no tengo novia, y creo que nunca me lo he cuestionado seriamente, más bien la gente me lo recuerda. Pero está bien, vamos a analizar algunas posibles causas por las cuales sigo soltero, y de paso, responder la interrogante que le da título a esta suerte de stand up literario.
Empecemos por mi nula capacidad de seducción. Soy torpe hasta decir basta en el arte de la conquista, nunca aprendí esas habilidades. Digamos que soy como Harry Potter pidiéndole a Cho que lo acompañe al baile de Navidad; o como Ross y Chandler, en Friends, tratando de ligar en la universidad. Además, soy muy despistado para percatarme de que le gusto a alguien, casi casi que ellas me la tienen que cantar a mí. Así me ha ocurrido en varias ocasiones.
Por otro lado, siempre he sido un ente solitario. Generalmente voy solo a todos lados: cine, teatro, restaurantes, etc. En vacaciones también viajo solo, ya hasta me compré un aplicador de loción para cuando voy a la playa, porque es un pedo ponerse bloqueador solar en la espalda uno mismo. A lo único que no voy si no es acompañado es a bodas, conciertos y partidos de futbol.
Me han dicho también que soy muy exigente. No lo sé; estoy consciente de que a estas alturas de mi vida ya no estoy para ponerme exquisito, pero tampoco para agarrar cascajo. Y es que a mi edad —para mi desgracia— ya no hay mucho de dónde elegir. Digamos que la fruta buena ya se la llevaron, y la que queda, en su mayoría, está bastante magullada.
Podría enumerar más cosas que juegan en mi contra, pero la verdad es que no hay ninguna que sea determinante, considerando sobre todo que hay miles, millones de hombres que sin ser un dechado de virtudes, tienen pareja. A lo largo de mi vida he visto a toda clase de sujetos con novia o esposa (o con las dos): feos, vividores, violentos, borrachos, celosos, obesos, cojos, mancos y hasta apestosos con la cola sucia.
Y esto de los hombres con el ano cochambroso no es broma. Yo me enteré de eso hace unos años en Twitter, cuando se hizo más o menos viral un hilo de la usuaria @marianalaariana, donde pedía a sus seguidoras que le contaran sus “experiencias más nauseabundas” con hombres que no se limpian. Las respuestas son una joya muy reveladora. Aquí un ejemplo que recoge bastante bien el sentido de la mayoría de las anécdotas:
“Te quiero contar algo muy mamón que me pasó con un vato. El wey está así como muy muy gordo pero me super encantaba. La noche que me quedé a dormir con él, cuando le iba a dar bj, se bajó los calzones y el olor, NETA TE JURO QUE SENTÍ EL PUÑETAZO EN LA NARIZ. Era un hedor horrible. Agarré valor y como quiera se la chupé pero leve porque neta no podía respirar. Esa misma noche se jizzeó los boxers, SE LOS DEJÓ PUESTOS ASÍ TODOS MEQUEADOS Y AL DÍA SIGUIENTE LOS USÓ IGUAL. Esa mañana el vato se levantó de la cama en puro calzón y cuando le vi la raya de la cola (porque traía el bóxer muy abajo) tenía embarrado de caca :(“
O sea, la chica en cuestión tuvo relaciones sexuales y se la mamó a un marrano que tenía el pito rancio y el culo lleno de mierda, WTF! Quién lo diría, uno bañándose y perfumándose para oler rico en fiestas y reuniones, cuando al parecer lo que atrae a las mujeres es el olor a caca.
En conclusión, ¿por qué no tengo novia si me limpio bien el culo? Pues no lo sé, no existe una razón, simplemente, así es la vida; no hay más que decir. Afortunadamente tengo salud.







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